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martes, 13 de octubre de 2015

La comarca soporta media docena de carreteras peligrosas



Vecinos y empresarios relatan cómo es la convivencia con una vía de estas características

Miles de pontevedreses cohabitan diariamente con algunas de las carreteras más peligrosas de Galicia. Son vías en las que, jornada tras jornada, se producen accidentes y sobre las que la Guardia Civil ha reforzado el control. A uno y otro lado de este asfalto, familias y negocios conviven con el riesgo, al tiempo que exigen medidas de calmado del tráfico. En su mayor parte, coinciden en el diagnóstico del problema: la velocidad excesiva.
La Dirección General de Tráfico ha identificado en la comarca capitalina media docena de carreteras convencionales de especial peligrosidad. Esta catalogación obedece al número de accidentes que se contabilizan y su gravedad, pero también se lleva a cabo en función de las velocidades medias que se registran.
De este modo, la N-550, que comunica A Coruña con Tui, no solo es la carretera con más tramos incluidos en este dramático listado, cuatro, sino que es la que más kilómetros de pavimento suma de riesgo circulatorio, algo más de 56 entre los municipios del entorno de Pontevedra.
Al borde de esta vía de comunicación se ubica el bar Senra, cuyo propietario, Javier Senra, reconoce haber visto de todo en los 33 años que lleva al frente del mismo. «É perigosa, pero danos a vida. A nós vennos ben que haxa tránsito», apunta, al tiempo que asume que sería preciso rebajar el límite de velocidad: «Non se respecta, sobre todo nas zonas onde hai moitas naves e comercios. Non hai un paso de peóns, non hai nada».
En estas más de tres décadas, las proximidades de este establecimiento hostelero han sido escenario, fácilmente, de más de una docena de accidentes con heridos. «Agora xa hai bastante tempo que non hai ningún. Dende que fixeron a glorieta, levamos uns anos que non vin accidente grave ningún», explica, al tiempo que refiere que sus clientes protestan por las dificultades que encuentran para atravesar la carretera porque «hai demasiado tránsito e consideran que sería preciso un semáforo ou un paso de peóns».
A unos cuanto kilómetros, María Dolores Dios y su familia residen en uno de los dos tramos de la N-541 calificados como especialmente peligrosos. Al borde de una larga recta, en Tenorio (Cotobade) se ubica su vivienda, desde la que ha sido testigo de muchos siniestros y atropellos, incluido el de un primo que reside casi que puerta con puerta con su domicilio -«tivo sorte e aínda está »-. «Perigosa si que é porque non hai un paso de cebra. É unha estrada xeral moi transitada e para cruzar, tanto para nenos como para anciáns, é moi complicado».
María Dolores reconoce que la intensificación de la vigilancia con radares móviles da sus frutos y consigue que los conductores pisen el freno. Precisamente este es uno de los objetivos que busca la DGT con su Plan de Vigilancia Integral, que, entre otros aspectos, supone incrementar la presencia del radar en este tipo de tramos. «Cando non están, pasan... que nin se miran».
En los últimos días, una de estas vías se cobró, de nuevo, la vida de una persona, ocupante de un turismo que colisionó en la curva de Curro (Barro). En este punto de la PO-531 se han producido innumerables siniestros: «Tienes que estar con cuatro ojos. En cualquier momento se sale un coche de la vía. Algo tiene que tener el asfalto», apreciación que comparten muchos de los accidentados y que sostiene Carlos Bemposta, empleado desde hace un cuarto de siglo en las gasolineras de Repsol situadas en este punto. «En esta carretera estamos vendidos, es la muerte. Suben a mucha velocidad y desde que retiraron el radar [fijo] casi siempre hay accidentes cuando llueve. Y estamos en Galicia», apunta al respecto.
Hace escasos días, la DGT actualizó los tramos negros de la red viaria pontevedresa e incluyó, por primera vez, la PO-551, que une Marín con Bueu y otras localidades de O Morrazo. En uno de los dos tramos reseñados y a escasa distancia de la curva del matadero, se sitúa la tienda de Álvaro García Rey. Asume que los vehículos suelen circular «un poco rápido» y que raro es el coche que no sobrepasa el límite de 50 kilómetros, aunque considera que no se puede hablar de que sea una carretera peligrosa.
Tras estimar que es inviable colocar badenes para rebajar la velocidad, estimó que una solución pasaría por una mayor presencia de la Guardia Civil. Este aumento de la vigilancia también se establecerá en las dos últimas carreteras convencionales con tramos peligrosos, la variante de Marín (VG 4.4) y el tramo no desdoblado de la vía de O Salnés (VG 4.1), entre Sanxenxo y A Lanzada.

www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/marin/2015/10/11/carretera-vendidos/0003_201510P11C2991.htm

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