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viernes, 25 de marzo de 2016

Leyenda y turismo se dan la mano entre las olas de los surfistas



La playa y su entorno retienen gran parte de su atractivo natural y cultural, aunque está pendiente de varias actuaciones de mejora

Es la playa de las nueve olas, esa antigua tradición donde se mezclan la mística y la religiosidad más ancestral. A Lanzada ocupa un lugar privilegiado en el imaginario cultural de Galicia, pero también es un foco de atracción ineludible para los aficionados al surf y para los turistas en general. El arenal, compartido entre Sanxenxo y O Grove, era ayer un trasiego de gente, que aprovechó el sol y las vacaciones para pasar unas horas en este emblemático espacio.
Empecemos por el principio. ¿Cómo llegar? Muy fácil. Si nunca han ido hasta A Lanzada, hay tres rutas principales. Desde la autopista y también desde el enlace de Curro (Barro) si se viene en carretera convencional. Ambas alternativas enlazan con la Vía do Salnés. Solo hay que seguirla hasta el final y se llega sin riesgo a perderse. Si se prefiere una ruta costera, hay dos: viniendo desde el norte por Cambados y Vilalonga, o procedentes desde el sur, por la PO-308, siguiendo la carretera tras atravesar Sanxenxo y Portonovo. Aparcar puede ser problema en algunos tramos, pero normalmente hay espacio, sobre todo en el párking del fallido aeródromo.
Una vez en la playa, ¿qué hacer? Si se es deportista, en A Lanzada hay escuelas de surf y si el aficionado viene con su propia tabla tampoco hay problema. La playa es enorme y hay espacio para todos. A lo que sí hay que prestar atención es a los carteles que piden respeto por las dunas. Se trata de un sistema natural muy frágil y que sufre daños irreversibles por pisoteo. Por esta razón, se recomienda a los viandantes que utilicen las rutas marcadas de senderos de madera y que no se aventuren entre las dunas que, además, son el lugar de cría de algunas especies amenazadas de pájaros.
Los efectos del temporal se notan en algunos tramos de la playa, donde las olas se han llevado toneladas y toneladas de arena. A Lanzada aún no ha recuperado su perfil habitual de verano, por lo que en varios puntos están a la vista rocas que normalmente están sepultadas profundamente. Es de esperar que el mar ponga orden y estabilice el perfil. Si no, es previsible que tengan que trabajar las palas para contribuir a extender la arena amontonada.
Para los viandantes un consejo, tengan cuidado al circular por los exiguos arcenes. A los conductores se les pide que aparquen de forma que no obliguen a bajar a la calzada a los peatones. Este problema está en vías de solución, porque este año empezará la reforma de la PO-308, que traerá un sendero peatonal y carril bici, pero, mientras tanto, es importante la colaboración de todos en la seguridad vial.
En el acceso a la ermita, punto obligado para hacer fotos que ilustran los recuerdos de una jornada playera, Costas y Cultura todavía no se han puesto de acuerdo sobre cómo reparar el talud que se ha desplomado. Por lo demás, ermita, torre y yacimiento arqueológico ofrecen un conjunto histórico difícil de igualar bajo un cielo, ayer, despejado.
Cabalgando sobre el mar. Esta playa es el principal centro de atracción deportiva para los surfistas, que ponen a prueba su destreza sobre un mar encrespado. fotos m. g.
La última reserva. Los carteles avisan de la importancia de preservar los últimos restos de un sistema dunar vital para la reproducción de aves y para la biodiversidad vegetal costera.
Arrastre de arena. Los temporales trabajaron con fuerza la playa. En algunos puntos falta arena hasta una altura de más de un metro, como se puede comprobar en la imagen.
La asignatura pendiente. Arcenes escasos y ausencia de pasos de peatones son dos de los aspectos que se espera que se solucionen con la reforma de la PO-308 este año.
Regalos para los amigos. Vendedores ambulantes se sitúan en la entrada a la ermita con sus puestos de conchas y collares realizados a mano y que los turistas compran como recuerdo.
Historia y religión. Enclave comercial anterior a los romanos, fortaleza defensiva contra los vikingos en la Edad Media y santuario para devotos. Todo junto en un único entorno natural.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/sanxenxo/2016/03/25/leyenda-turismo-dan-mano-olas-surfistasdeportesdunasduro-inviernoseguridad-vialabaloriosermita/0003_201603P25C6991.htm

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