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lunes, 18 de abril de 2016

Ni Obama ni Mandela



Para el común de los ciudadanos, la detención y encarcelamiento de Sinaí Giménez en el penal de A Lama junto con dos de sus hermanos así como su padre, se interpretará como el principio del fin de la impunidad de la que aparentaba disfrutar el clan de Los Morones. Pero resta por saber si realmente estaremos ante el comienzo de la necesaria normalización de la actividad de venta ambulante en los mercadillos de la provincia que han estado sometidos a los vaivenes de la confrontación entre clanes y la toma policial de muchas de esas ferias para evitar males mayores.
Semeja que la denominada operación Vida indica el declive de una organización delictiva, según uno de los siete cargos de los que les acusa la Fiscalía. Un entramado que venía operando desde hace muchos años en gran parte de la provincia ejercitando un presunto control mafioso de los mercadillos ambulantes. Aunque la ciudad de Pontevedra se convirtiese en una excepción gracias al coraje de una mujer, Tere Casal, en su etapa como concejala de Promoción Económica, quien plantó cara al tenderete que había montado en nuestra ciudad como en otros municipios.
Atemoriza incluso encarcelado
A pesar de llevar unos días entre barrotes, Sinaí sigue generando un miedo cerval entre los vendedores ambulantes. Sobre todo entre el colectivo de los zamoranos o castellanos, destinatarios principales de las iras de los Morones, así como en un sector de los payos, quienes temen los daños colaterales de la confrontación. Así se ha comprobado en la manifiesta ausencia de los primeros y de parte de los segundos, en las últimas ferias celebradas en diversas localidades de la provincia. Parece que las amenazas proferidas por el propio Sinaí o sus allegados a las puertas de la sede judicial, («zamoranos violadores» y otras similares) hubieran surtido un efecto disuasorio de larga duración. Da la sensación de que los zamoranos aguardan mayores evidencias de que el autodenominado «príncipe» y demás familia seguirán confinados en la cárcel por más tiempo. Temen que la nómina de abogados mediáticos como Marcos García Montes, José Luis Gutiérrez Aranguren o Víctor Bouzas, cuyas minutas parecen costear sin problemas, sean capaces de hallar recovecos en las diligencias del Juzgado de Cangas que permitan excarcelar a los Morones.
Pero la clave de lo que ocurra a partir de ahora radica en que la Justicia haga su trabajo y que los concellos cumplan también con su encomienda.
La primera parte dependerá de la labor del Juzgado de Instrucción número 3 de Cangas, cuyo titular coordinó el operativo policial desplegado. Deberá esclarecer el alcance de las imputaciones contra los Morones, así como que resulta del cruce de acusaciones de estos hacia el clan rival, pues aducen que les vendieron los derechos de asentamiento en algunas ferias.
De la segunda cuestión, toda la responsabilidad depende de los ayuntamientos que deberán recuperar las competencias que por obra o por omisión dejaron en manos de Sinaí Giménez o terceros.
El ejemplo de Pontevedra
Durante estos años, no todos los municipios cedieron al chantaje. La ciudad de Pontevedra marcó la diferencia con bastante antelación a los acontecimientos actuales. Y gracias, sobre todo, al coraje de una mujer, Teresa Casal, quien ostentó en el 2007 la concejalía de Promoción Económica.
Ella fue quien decidió desactivar el sindicato montado por Sinaí Giménez y su familia, quienes acogotaban a los que osaban discutir su control hegemónico de los mercadillos de gran parte de la provincia, entre los que estaba la llamada feria de Pontevedra.
Cuando la concejala se apercibió de la estructura de extorsión que tenían los Morones, decidió desmontarla. Tere Casal sospechó de los dudosos métodos de Sinaí Giménez, quien mediante el control de diversas cooperativas de las que es presidente, decidía quién podía o no instalar su tenderete en los mercadillos que controlaba en diversos municipios de la provincia, entre ellos, la feria de Pontevedra.
El pulso que libró Tere Casal contra el sindicato de Sinaí fue muy duro y doloroso. La concejala sufrió serias amenazas y finalmente tuvo que ver como los Morones ordenaban a los vendedores de su etnia que abandonasen Pontevedra y se trasladasen al nuevo mercadillo de Barro que Sinaí negoció con José Antonio Landín Eirín, entonces alcalde.
Tere Casal soportó aquel chantaje y gracias a ello, hoy en día, el mercadillo de Pontevedra está más saneado. En cambio, en Barro, el actual alcalde, Abraldes se ha encontrado un marrón formidable por los pagos incumplidos del concesionario.
La llamada operación Vida ha venido a desvelar ahora la certidumbre de las informaciones que apuntaban que los Morones cobraban un impuesto de 150 euros mensuales y, además, una tasa cada día a cada ambulante que montase su puesto en los mercadillos que controlan. Un negocio con recaudaciones de miles de euros que después no pasaban ni por el filtro de Hacienda ni de la Seguridad Social, como se deduce de los delitos atribuidos.
Sinaí Giménez siempre ha sabido manejarse ante los mass media. Se autoproclamó el Obama gallego. Y se esnafró en las municipales de Vigo. Ahora alguien de su entorno le ha bautizado en su perfil de Facebook como el Mandela gallego. ¡Manda truco!

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/pontevedra/2016/04/17/obama-mandela/0003_201604P17C12991.htm

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