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sábado, 30 de abril de 2016

Vio morir las ferias y vende ganado por Internet




Roberto dice que hay una alta demanda de caballos, tanto «para a vida» como para consumo humano
 
A Roberto Magariños, de Barro -tiene su negocio en Curro- le nacieron los dientes entre vacas, caballos o mulas. Es el heredero de una estirpe de tratantes de ganado; de hombres curtidos en cientos de ferias y mercados que saben tasar lo que vale un animal solo observándole unos segundos. Pero, al contrario que a sus antepasados, a él le tocó reinventar el negocio. Vio como las ferias iban muriendo poco a poco, con una agonía lenta pero imparable. Y sintió la necesidad de buscar otras fórmulas para vender. Encontró un aliado en Internet, donde suele promocionar sus ejemplares. Afortunadamente, tras media vida en el negocio, también le avala el boca a boca. Y el ojo a ojo. Sí. Porque Roberto, hasta hace poco, tenía muchos de sus animales en una finca pegada a la carretera de Pontevedra a Vilagarcía. A pie del vial se podían ver potros, ponis o mulas. Y el espectáculo estaba servido: «Había días que paraban quince coches xuntos, sobre todo de pais con nenos, para ver os animais», recuerda él.
Pero vayamos a sus inicios. Roberto aprendió el oficio de su bisabuelo, su abuelo, y su padre. Muy joven, empezó ya a vender y a comprar ganado. Se valió pronto por sí mismo. En parte, porque hacía buen acopio de consejos. Todavía tiene alguno fresco en la memoria: «Sempre me acordo do que me dixo un tratante de Lalín unha vez. Eu estáballe vendendo un animal por poucos cartos e queixeime, díxenlle que así non ganaba nada. E el díxome que estivera tranquilo, que eu sempre ganaba. Aínda o estou oíndo dicíndome ?ti tranquilo rapaz, que se nun trato perdes cartos ganas habilidades, porque para a próxima xa non che volve pasar o mesmo, en canto ves que perdes xa aprendes? e a verdade é que tiña toda a razón».
Esa que recuerda Roberto era la sabiduría a pie de feria, la que se contaba mientras se comía una ración de pulpo y se bebía una taza de vino. Porque Roberto vivió los tiempos en los que los tratantes no tenían más calendarios que el de las ferias: «Nós iamos a Arzúa dúas veces ao mes, a Xinzo de Limia, a Redondela, a Gondomar, a Santiago... A tantos e tantos sitios», indica. Pero, poco a poco, esos mercados tradicionales se fueron asfixiando. «Deixáronas morrer completamente. Nalgúns lados non nos deixaron vender gando, noutros houbo outros problemas... E por riba cada vez hai menos xente no rural e máis leis que van contra os que teñen animais e os que andamos con eles», indica.
El «sinsentido» de la norma
En ese punto, Roberto, que habla a pie de una de sus cuadras, donde muestra cuatro burras que esperan a ser vendidas y
Mulita
, una mula de apariencia mansa que tiene pinta de cotilla, porque asoma el hocico cada vez que su dueño habla, se pone furioso. «
Estamos fartos de que se fagan normas dende despachos que nada teñen que ver coa realidade, que son un
sinsentido
. Poño un exemplo fácil de entender. Fixeron a mesma normativa para vacas que para cabalos. E resulta que na explotación do tratante uns e outros soamente poden estar trinta días. No caso das vacas é normal porque teñen que pasar un saneamento. Pero os cabalos non. ¿Que fago eu con eles se non os vendo, tíroos?».
Roberto afila su lengua y ya no hay quien lo pare. Para quitarle hierro al asunto, se le pregunta por la fama que tiene su oficio, por si se engaña o no al que llega sin idea alguna para comprar un animal: «As trampas veñen dos paisanos. Eu non fago ningunhas», enfatiza. ¿Y él pica? «Home, algunha vez si que picamos. No caso dos cabalos hai quen che intenta meter algún con laminosis, unha infección nos cascos que ás veces non é fácil de detectar». Además, dice que hay «tratantes e tratantes». Y es ahí cuando cuenta el intrusismo que padecen o «a chegada de xente nova que compra e vende sen moita idea e que por riba cre que o sabe todo, e se ri dos paisanos. Iso non pode ser. Hai que tratar á xente con respecto».
Roberto, dicharachero y abierto, no tiene problema en decir el precio del ganado que tiene. «Entre 1.000 e 2.000 euros hoxe en día teño moi bos cabalos. Hai bastante demanda deles, hai moita afección e tamén se piden para consumo de carne», indica. Luego, enseña el que podría considerarse el poni de sus ojos; un animal recién nacido. Le encanta. Pero, ante un buen trato económico, seguro que lo despacha.
«As trampas sempre veñen dos paisanos, que son os que ás veces che queren meter unha besta coxa ou con outro achaque»
«Sempre penso que, se perdo cartos nun trato, gano en habilidades... Porque para a próxima xa sei o que non debo facer»
«As feiras morreron. Non paga a pena ir. Funciona o boca a boca e Internet, que abre moitas portas»
Roberto Magariños
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/internet/2016/04/29/vio-morir-ferias-vende-ganado-internet/0003_201604P29C12991.htm

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