Carmen a do Cambiaagujas, pura retranca a punto de cumplir los cien: «Estou feita unha moza, a miña medicina é ir á horta» - Voz de Barro. Noticias

Breaking

El tiempo en Barro

El tiempo - Tutiempo.net

lunes, 1 de abril de 2024

Carmen a do Cambiaagujas, pura retranca a punto de cumplir los cien: «Estou feita unha moza, a miña medicina é ir á horta»

Carmen González, pelando patatas en la cocina de su casa de Barro, que pertenece a Renfe dado que su marido era ferroviario.

Carmen González, pelando patatas en la cocina de su casa de Barro, que pertenece a Renfe dado que su marido era ferroviario. CAPOTILLO

Vecina de Barro, le hace la comida a su familia todos los días y se sube a las sillas para coger cosas de la alacena aunque los hijos le riñan por ello


Carmen González Parada, vecina del municipio de Barro, donde ella es Carmen a do Cambiaagujas por la profesión de ferroviario que tenía su marido, está a punto de cumplir los cien años. O eso dice su carné y su privilegiada memoria. Porque, en realidad, lo que parece es que está a un paso de irse de fiesta como una jovenzuela, como cuando el otro día acudió a San Benito a comer pulpo. Es pura vitalidad. Recibe en su hogar, en una casa de la Renfe a pie de la vía del tren en la parroquia de A Portela, y de buenas a primeras demuestra que a retranca es difícil ganarle. Se le indica que está muy bien, muy guapa con su mandilón a cuadros, y espeta con donaire: «¿E por que non ía estar guapa? Fea nunca fun». Primer aviso de cómo se las gasta. 

Carmen es gallega de Lugo, de A Pobra de Brollón, y aunque lleva media vida en Barro, ella sigue diciendo «eiquí» como en las tierras lucenses. Allí nació, en 1924, en una aldea en la que si miraba por la ventana veía la casa del que luego se convirtió en su marido: «Bailamos uns anos por aí nas festas e despois... pois casamos», cuenta. Él se hizo ferroviario y eso provocó que se marchasen a Cataluña, donde trabajó en sitios como Tarragona. Allí comenzaron a nacer sus hijos, a los que Carmen crio: «Botamos alá uns sete anos e tivemos tres mulleres e un home... a verdade é que teño moi bos recordos daquela terra, pero queriamos volver», explica. Su marido consiguió que lo destinasen a Santiago y ahí se afincaron. Cuenta ella que fue volver a Galicia y que ella empezase a trabajar en la tierra y con los animales: «Tiven unha vaca, porcos, galiñas e sempre traballei a horta», cuenta. Un buen día desembarcaron en Barro, en la estación de A Portela, y ya no se marcharon más. En 1988, murió su marido con 68 años: «Era novo, pero tivo unha morte boa», dice la mujer. 

Carmen se quedó sola en casa y más de treinta años después sigue viviendo en solitario, aunque cada día acuden a comer una hija y un yerno. Ella hace la comida para todos. «¡Eu estou feita unha moza, por iso vivo soa! A miña medicina é a horta. Eu igual estou a morrer no sofá, levántome e vou á horta e curo», señala. Ella toma una pastilla al día por cosa del azúcar y el resto lo soluciona sacho en mano: «O legón, o legón é o importante. Se andas co legón non enfermas», insiste una y otra vez. Pone patatas, lechugas, guisantes y el otro día discutió con su hija porque no le quería traer todas las cebollas que ella pedía para plantar: «É que despois ben que se comen, que aquí ás veces veñen os fillos e os netos e xuntámonos doce ou máis á mesa», señala mientras se ríe con ansia.

Carmen se defiende bien sola. Además, lleva consigo el aparato de teleasistencia de Cruz Roja al que puede llamar si se topa mal. Lo usó una vez: «Estaba na horta e mareeime. Empecei a vomitar e toquei o aparato ata que me escoitaron. Foi un susto», dice. Entre la huerta, la casa y ver la tele —su hija cuenta que es ella la que los informa— a Carmen no le da el tiempo para aburrirse. Además tiene una afición impresionante: empezó haciendo puzles con los nietos y acabó bregando ella sola con construcciones de cinco mil piezas. Le trajeron uno de la catedral de Santiago pensando que con tanta piedra tardaría en finiquitarlo y no le duró ni una semana. Confiesa travesuras, como que se sube a una silla para coger cosas de la alacena. Y recita de memoria los nombres de nietos y bisnietos.

Solo se le arruga la sonrisa cuando piensa en su principal achaque; la muerte de su hija mayor. Curó la tristeza como lo cura todo; «co legón». Ahora le toca celebrar los cien. Le encanta reunir a la familia, pero luego cada uno a su casa: «Gústame que veñan todos, porque ademais eu criei aos netos, pero despois que marchen, que eu quedo moi tranquiliña soa na casiña», espeta.

Cada vez más vecinos centenarios y con «unas ganas enormes de vivir»Dos años sin la que fue abuela de Galicia 

La pirámide poblacional, de Galicia y también la de Pontevedra, se hace mayor y cada vez hay más personas longevas. De hecho, el número de centenarios, es decir, de vecinos y vecinas que tienen o pasan de los cien años, ha experimentado un crecimiento importante en los últimos tiempos. Así, en el año 2022 vivían en Pontevedra un total de 34 personas que pasaban de la centena. Ahora son 59 y el número se eleva a 83 si se cuenta a todos aquellos que deben soplar las velas de ese número mágico, de los cien, a lo largo del 2024. La tónica se repite a lo largo y ancho de la comarca pontevedresa, donde no hay municipio que no cuente con algún centenario en el censo. De hecho, son numerosas las ocasiones en las que los alcaldes acuden a los domicilios para felicitarlos. Más allá de las cifras, hay una cuestión importante a destacar. José María Faílde, presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría, revela que en un estudio que está haciendo esta entidad se refleja que hay muchas personas con cien o más años que exhiben «unas ganas enormes de vivir, son pura vitalidad».

Volvamos a los datos. Efectivamente, en Pontevedra hay 83 personas ya centenarias o a punto de serlo —como mínimo, son nacidas en el 1924—. Como suele ocurrir, la mayoría son mujeres. ¿Qué ocurre en el resto de la comarca pontevedresa? Desde Sanxenxo indican que actualmente cuentan con cinco vecinos centenarios y cuatro más que alcanzarán esa edad a lo largo del 2024. La mayor es una vecina de Nantes que alcanzó los 106 años. En Marín la cifra es superior. Tiene un total de trece hombres y cuatro mujeres que son centenarios. Y en Poio los vecinos más longevos, con edades iguales o superiores a la centena, son siete. De ellos, hay dos que en el 2024 soplarán las velas de los 102.

Si esto ocurre en los municipios de mayor tamaño, los que son más pequeños tampoco se quedan atrás en cuanto a centenarios. Todos pueden presumir de tener vecinos con edades tan avanzadas. En Campo Lameiro, por ejemplo, hay dos vecinos que cumplieron los cien y a esa lista se sumará pronto una mujer más. 

Activos, sociables y moderados

Desde la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría indican que no tienen datos para saber si quienes llegan o pasan de la centena cuentan con una calidad de vida y una salud mejor que hace años. Pero lo que sí pueden hacer, gracias a los estudios que realizan, es un perfil de los centenarios, en los que aprecian bastante vitalidad. Señalan que suelen ser personas que se mantuvieron muy activas, tanto física como mentalmente. También que tuvieron una alimentación tradicional, basada en la dieta atlántica, y moderada y que socializaron bastante. José María Faílde, presidente de la entidad, concluye: «El estudio refleja que muchos de ellos, más allá de su avanzada edad, viven en un estado de felicidad importante».

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/2024/03/31/span-langgleu-estou-feita-unha-moza-iso-vivo-soa-spanspan-langgl-mina-medicina-e-ir-a-horta-os-diasspan/0003_202403P31C1992.htm

No hay comentarios:

Publicar un comentario