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viernes, 26 de enero de 2018

Radar en Barro: Los excesos de velocidad recaudan 1,4 millones de euros

Radar en Portela, Barro



En la comarca de Pontevedra, los conductores conviven con una decena de carreteras que tienen tramos de intensificación de la vigilancia de la velocidad. Son puntos en los que la Guardia Civil de Tráfico está reforzando los controles mediante el empleo ya no solo de radares fijos y móviles, sino también mediante el helicóptero Pegasus y el uso de las nuevas motocicletas que están especialmente diseñadas para portar un radar ligero.
Lo cierto es que en lo que fueron los once primeros meses del pasado año, los cinemómetros detectaron unas treinta mil infracciones por exceso de velocidad en las Rías Baixas, que se situaron como la tercera provincia gallega, después de A Coruña y Lugo, donde más denuncias se tramitaron por este motivo. Estas sanciones derivaron en una recaudación de algo más de 1,4 millones de euros, una cantidad que previsiblemente se incrementarán una vez se disponga de los datos consolidados de todo el 2017.
A este respecto, en la provincia se ubican dos de los radares fijos que más multan de toda España, concretamente son los ubicados en la A-55, a su paso por Mos y donde la velocidad está limitada a 60 kilómetros por hora, y el de la N-550 del término municipal de Redondela, donde el límite está situado en los 50 kilómetros.
A mayores, el 2017 fue también el año en el que la Policía Local de Pontevedra estrenó su primer cinemómetro, al tiempo que también se instalaron los primeros radares específicamente diseñados no para controlar las velocidades, sino el empleo del cinturón de seguridad o si se hace uso del teléfono móvil al volante. En ambos casos, todo parece indicar que ya se han tramitado las primeras sanciones económicas.
La regla del siete
A la hora de minimizar el riesgo de ser multado por pisarle al acelerador es conveniente recordar lo que conoce como la regla del siete. Y es que desde el 2014, hasta el límite de cien kilómetros por hora, el radar no salta hasta que se supere en siete kilómetros el límite de velocidad. Esto es, si es de 50, el cinemómetro se activaría a 57, mientras que si es de 90 lo haría al superar los 97.
Pero, ¿qué ocurre en autopistas y autovías? Entonces hay que aplicar un incremento del 7 %, por lo que si la velocidad máxima a la que se puede circular es de 120, el radar solo se activaría en el caso de que superen los 128,4 kilómetros por hora.
Cuestión aparte son los radares de tramo, que en la provincia únicamente hay dos instalados en la AP-9 a su paso por el término municipal de Vigo. En este caso, el sistema recoge el momento exacto en el que un vehículo accede al tramo, así como el instante en lo que lo abandona, por lo que luego solo tiene que realizar una operación matemática para calcular la velocidad media.

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/2018/01/24/excesos-velocidad-recaudan-14-millones-euros/0003_201801P24C2991.htm

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