Víctor Almeida es un habitual de las andainas y a sus 62 años llega con los primeros
No sabe cuántos kilómetros acumulan sus piernas, pero
sin duda son muchos. A sus 62 años, Víctor Manuel Almeida Ferreira
asegura que anda para disfrutar y porque caminando conoce a gente. «Iso e que algunhas marchas son por causas solidarias é o máis bonito»,
dice mientras relata en las Palmeras de Pontevedra su entreno del
martes. Salió de su casa de O Gorgullón a las 7.04 horas y llegó al
lugar de la cita a las 11.01. Una hora antes. Fueron 24,9 kilómetros de
caminata por el rural en cuatro horas. Enseña su móvil, donde están
guardadas las rutas que va haciendo. «Para que vexas que non minto», sentencia. Y no miente.
A este andarín el municipio de Pontevedra se le queda
pequeño. Para él es normal una salida de ida y vuelta hasta Redondela o
de ida hasta Padrón por el Camino de Santiago. Esta última, de casi 42
kilómetros, la ventila en 5 horas 40 minutos. La vuelta desde Padrón
toca en tren. Este extrabajador de la empresa Malvar se enganchó al
senderismo a raíz de su jubilación. «Traballei en Malvar
25 anos. Fun peón, sereno e estiven en varias porterías. Cando pechou a
empresa fun ao paro, logo traballei uns anos noutra empresa e volvín ao
paro ata que me xubilei», cuenta mientras comparte un café.
Del estrés y la ansiedad de aquellos momentos duros -adelgazó mucho y llegó a pesar 70 kilos- pasó al otro extremo. «Deuseme por comer e pasei da talla 42 á 56. Agora estou na 44».
Y ahí, con 61 años, se convirtió en andarín por afición. Camina mucho,
con un ritmo casi imposible de seguir y lo hace sin bastones. «Non me apaño con eles, vou sen nada», reconoce. Cuando sale a andar, se lleva su Samsung, gorra y gafas si hace sol y poco más. «Se fago menos de 30 quilómetros non levo de beber. Se son máis, levo varias bebidas isotónicas na mochila»,
aclara. Antes de salir de casa se toma dos infusiones sin azúcar y
después para en una cafetería, donde le mete al cuerpo un café, este sí
con azúcar, y algo dulce. Disfruta haciendo kilómetros a pie. Se conoce
el rural de Pontevedra al dedillo y lo que peor lleva es la lluvia.
«Este ano levo moitas molladuras. O problema é que te colle lonxe da casa e de calquera sitio onde poder abrigarte», señala. Como ejemplo, pone una ruta reciente por Bora. ¿Llegó como una sopa, no? «Como unha sopa é pouco».
Quizá por ello la primavera es una de las mejores épocas para caminar.
La más apetecible de la temporada, expone. En teoría, llueve menos y
hace sol, pero todavía no calor.
Víctor Manuel Almeida, que nació en el municipio
portugués de Rio Tinto, cerca de Oporto, es un habitual de la
Pontevedrada, de la marcha de las 700 Camisetas contra la Leucemia entre
Vigo y Pontevedra y de PonteAndar, la andaina de 50 kilómetros de la
ciudad. Los 64,76 kilómetros de la Pontevedrada 2015 los hizo en poco
más de diez horas. Exactamente en 10 horas 15 minutos 53 segundos. «As
veces chego e non están postos os controis. Pero non o fago por chegar
de primeiro. É o meu ritmo. Por iso vou só, vou ao meu aire», subraya. La verdad es que muy pocos le aguantan el paso.
Anécdotas empieza a tener para escribir un libro. En PonteAndar sufrió tres caídas. «Caín
dúas veces nun regato cerca da Barosa e mollei os pés, e nunha baixada
no Pontillón caín porque se me meteu un pau entre as pernas», recuerda entre risas. Esos tres percances no le impidieron, sin embargo, completar el recorrido: «Meu fillo dixo que cheguei fundido, pero cheguei».
Consume bastantes zapatillas de deporte. Cada tres meses y medio las tiene que cambiar. ¿Y de lesiones? «Nada grave, algunha vez os dedos dos pés negros de tropezar».
Andar también le ayuda a fumar menos. Reconoce que dejar los pitillos
es una asignatura pendiente y la batalla de su familia. «Cando ando non fumo nada». A Víctor Manuel Almeida le espera ya la Pontevedrada 2016, el 30 de abril.
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/pontevedra/2016/03/23/padron-redondela-caminando/0003_201603P23C5991.htm
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