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jueves, 19 de mayo de 2016

¿Qué es lo que hacen bien en estos colegios?

No están en las urbes ni tienen unas instalaciones que den vértigo. Pero crecen en alumnos. ¿El secreto? Sus servicios

Si uno necesita convencerse de que Galicia, sobre todo la Galicia rural, tiene un problema grave con la demografía no necesita bucear en cifras. Le llega con llamar a los colegios pequeños y que los profesores le cuenten cómo va la matrícula de los niños de corta edad. Llamada tras llamada, descubrirá centros que se quedan enormes ante el bajón de las inscripciones. Pero también encontrará alguna que otra luz entre las sombras. En el caso de Pontevedra y Arousa, como mínimo, se hace la luz en dos colegios. Se trata de los de Ardia, en O Grove -oficialmente llamado Valle-Inclán- y del Amor Ruibal de Barro. Son dos centros fuera de ciudades. Y con instalaciones normales, nada de otro mundo. Tienen todas las papeletas para estar en el vagón de los que pierden alumnos. Pero los ganan. ¿Por qué? ¿Qué es lo que hacen bien? La clave, dicen padres y profesores, está, entre otras cosas, en los servicios. En ambos casos, tienen dos prestaciones que, hoy por hoy, la comunidad educativa entiende que son imprescindibles: plan madruga desde las 7.30 horas y comedor.
Ramón López, el director del colegio de O Grove, habla con voz pausada pero alegre. «A verdade é que nos gusta o feito de que vaiamos a pasar o ano que vén de 11 nenos de tres anos a nada menos que 22». ¿Dónde está la clave, se le pregunta? «Eu penso que os pais buscan servizos, poder traer aos nenos ao plan Madruga se teñen que entrar pronto a traballar e contar con comedor. Iso é moi necesario. Notamos que hai pais que traen aos nenos aquí por eses motivos. Senón tivésemos eses servizos levaríanos ao colexio que está máis céntrico no Grove». Una madre, que tiene un hijo en el colegio, le da la razón al 100 %: «Eu agora mesmo non traballo, pero busco emprego. E necesito que veñan ao comedor para poder organizarnos na casa, senón é imposible», indica la mujer.
La historia, aunque con algunos matices, es prácticamente idéntica en el colegio de Barro. Desde el centro están encantados dado que lograron frenar una tendencia que les acabaría asfixiando: «Os pais que traballan en Pontevedra adoitaban levalos con eles. Pero agora moitos xa non o fan, porque temos plan Madruga e tamén comedor. Igualmente, hai un montón de actividades extraescolares para aqueles nenos que se teñen que quedar máis tempo no centro», dice el director. Eso, unido a que el precio asequible de algunas viviendas llevó a parejas jóvenes con hijos a vivir a Barro, hizo que la matrícula aumentase un 30 % en los últimos tiempos. El próximo curso se prevé que haya unos 280 niños frente a los 263 actuales.

El caso de Cristina Silva
Rafael Ruibal, el director, dice que el mérito, en gran parte, es de los padres. Fue la ANPA la que, en el 2007, puso en marcha el comedor. El servicio empezó casi de forma anecdótica. Pero ahora da de comer a ochenta alumnos. Cristina Silva, la actual presidenta de la entidad, señala:
«Notamos que veñen nenos incluso de Pontevedra ou Caldas, porque os pais buscan bos servizos»
. Su propio caso es llamativo. Ella vivía y trabajaba en Meis cuando matriculó a sus hijos. Sin embargo, ellos van al colegio a Barro. ¿Por qué? «
O colexio tiña todas as prestacións que eu necesitaba»
. Así que lo vio claro. Y, como ella, más padres. Según dicen en el centro, en Barro, hasta los maestros con plaza provisional quieren quedarse. Por algo será.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/barro/2016/05/19/bien-colegios/0003_201605P19C8992.htm

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